Con 54 años.
Hace tiempo que no escribo y no sé por qué, me vino a la cabeza contar los últimos acontecimientos acaecidos en mi vida, que no son pocos. Así que vamos a ello.
Desde pequeño, he sufrido de dolores de cabeza, jaquecas o migrañas, como quieran llamarlo, pero fue a finales del 2017 cuanto estas se incrementaron tanto en intensidad, como en cantidad y duración. De hecho, me costaba mantener mi horario de trabajo con normalidad, pues las crisis venían sin un horario determinado, por lo que las faltas al trabajo aumentaron de tal forma que la Seguridad Social me concedió una incapacidad permanente total, es decir que cobraba el 55% de mi base reguladora. Como dicha cantidad era insuficiente, hablé con mi abogado y me aconsejó demandar e ir a por la parmente absoluta, donde te pagan el 100%, así que fuimos a por ella. El juicio se inclinó a mi favor, por lo que desde enero de 2021 disfruto del salario completo, pero con la posibilidad de revisión a los dos años. Ingenuamente pensé que una vez desaparecieran de mi vida los factores de estrés, las migrañas disminuirían, pero no ha sido así, a pesar de aplicarme más de 20 tratamientos diferentes. El neurólogo ya me dice que los cartuchos se han terminado y que no sabe qué hacer. Imagínate cuando te dicen esto. Es como si te condenaran de por vida. Vivir siempre así, impensable e inviable. Me dicen que tengo que aceptar esta situación, pero me niego en rotundo. ¿Cómo se puede mantener una vida donde el dolor es casi constante?
En cuanto a los factores de estrés, que ya comenté y que han pasado durante todo este tiempo, se reducen principalmente a tres. El primero, se produce en el verano del 2018, donde por motivos simplemente sentimentales, y sin la intervención de terceras personas, decidí separarme de la mujer con la que había pasado casi toda mi vida. Fue una de las experiencias más duras de mi vida, pq no me dio tregua, siempre pensó que otra mujer me animaba a tomar la comentada decisión. No quiso irse de casa y por tanto convivimos hasta que terminó el encierro de la Pandemia del Covid 19, en mayo del 2020 y que se inició en España en marzo de ese año. Casi dos años separados, pero viviendo bajo el mismo techo, un infierno. Quizás el encierro nos obligó a comunicarnos un poco más. Puede que el trato cordial que llevamos ahora se lo debamos a eso, y al mutuo acuerdo de hacer que nuestra hija sufriera lo menos posible.
Otro factor que me afectaba en exceso era el trabajo, el no ir a trabajar era algo que nunca me había planteado, incluso cuando tenía fuertes dolores, me encerraba en mi despacho apagaba la luz y ponía el cartel de "Estoy Reunido" pero nunca me fui. Todos los compañeros pasaban por mi oficina, y siempre para contar penas, era como el psicólogo de la empresa. Pero con un gran inconveniente, los empleados pensaban que mi interés era defender a la empresa y la dirección opinaba que era todo lo contrario, por lo que me veía entre dos corrientes que me iban desgastando. Se me pedían o había intenciones imposibles de realizar, pues mi conciencia tenía que mantenerla firme y a salvo de posibles quiebras. Ceder hubiese sido mucho peor.
A pesar de estar de baja médica, el 80% del trabajo seguía realizándolo desde casa, pero en horarios en los que el dolor no me afectaba, ya podía ser a las 8:00 de la mañana como a las 3:00 de la madrugada. Pero cuando la S.S me concedió la Total, tuve que abandonar toda actividad laboral. De cualquier forma, es hoy, cuatro años después, y me siguen llamando para preguntarme dudas, que por supuesto, siempre que está en mi mano ayudo a resolver.
Por último, y bastante importante, fue que de la noche a la mañana y sin esperarlo, a mi hermano mayor le dio un infarto en abril del 2019 y falleció. Etapa bastante dura, para toda la familia.
Así que al final en mi cabeza había un coctel a punto de estallar. Dicen que los tres factores más importantes en la vida de una persona son el sentimental, laboral y la salud. En mi caso todos estaban colgando de un hilo a punto de romperse. Muchas veces estoy convencido que pensar en mi hija me ha salvado de hacer alguna tontearía, ya que esta señorita está constantemente en mi cabeza, es mi motor, mi ilusión y lo único que le da sentido a este enorme caos.
Este pasado viernes se ha sacado el carné de conducir y pedazo alegría nos llevamos, que divertido, íbamos los dos en el coche cuando nos dieron la noticia y aquello se volvió una fiesta, donde no faltaron llantos por su parte y gritos de alegría por el mío.
9/11/2021
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